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Damián: una personalidad excepcional, una vida fuera de lo común

Emociones, empatía, atrocidades, nostalgia, drama, tensiones y conflictos... La vida de Damián reúne todos los ingredientes de un libro cautivador.

La línea del tiempo de Damián

Damián, o Jozef De Veuster (su nombre de bautizo), nació el 3 de enero de 1840 en Tremelo, una pequeña aldea al noreste de Bruselas, en Bélgica.

Adolescente muy activo, tomó paulatinamente conciencia de su vocación religiosa. A los 19 años decidió emprender su propio camino sin el acuerdo de sus padres, y empezó su noviciado en Lovaina, donde recibió el nombre religioso de Damián. Apenas 6 meses más tarde, inició sus estudios de sacerdocio.

En 1863, Damián tomó el lugar de su hermano – quien sufría de tifus – y partió rumbo a Hawai a pesar de no haber sido todavía ordenado sacerdote. En Molokai, leprosos arrinconados entre el mar y altos acantilados esperaban la muerte. Damián se sintió llamado a ayudarles. En 1873 llegó al infierno de Molokai, convirtiéndose así en el verdadero pionero de la ayuda al desarrollo.

Damián no consideraba a los leprosos como parias sino como amigos. Compartía su vida y era a la vez policía, cirujano, empresario de pompas fúnebres, carpintero, arquitecto, vocero, emblema mediático, organizador, inventor, enfermero y misionario. Si bien era plenamente consciente del riesgo de contraer la enfermedad, se negó a abandonar a los leprosos y convivió con ellos durante 16 años.

Sacudió a la sociedad e hizo un llamamiento a la conciencia de todos para recibir su apoyo financiero. “Ningún ser humano debería padecer una excomunicación, y menos aún esta horrible condena a muerte”. Éste era el mensaje que Damián transmitía en sus cartas al gobierno de Honolulu, reclamando apoyo y exigiendo material para los leprosos. Sus cartas le confirieron celebridad.

Ocurrió lo inevitable: Damián resultó contagiado de la lepra. Murió el lunes 15 de abril de 1889, a los 49 años de edad. Había decidido ser enterrado entre sus amigos. Pero sigue vivo gracias al ejemplo excepcional que ha dado al mundo.

El Papa Juan Pablo II beatificó a Damián De Veuster el domingo 4 de junio de 1995, más de 100 años después de su muerte.